Los sueños y la psicología
El mundo onírico ha sido objeto de curiosidad y estudio por parte del ser humano desde el principio de los tiempos, a través de la mitología o de las artes adivinatorias, por ejemplo, hasta llegar a la actualidad. Desde el siglo XX, la Psicología ha tomado el relevo de toda la tradición onírica almacenada durante siglos para averiguar y demostrar sus posibles interconexiones con nuestra mente.
Tras años de investigación sobre el complejo y amplio lenguaje del inconsciente estudiosos del cerebro y la mente, reconocidos científicos y precursores de diferentes tipos de terapias han podido comprobar que todo lo que existe en nuestra vida responde de una manera analógica: es decir, que inconscientemente (a través de la manera como vestimos, cómo nos movemos, los colores que usamos, los números que nos atraen, los sueños que tenemos, los que recordamos, etc.) enviamos constantemente mensajes e informaciones a los demás de cómo somos, qué pensamos, cuáles son nuestras problemáticas…
Consejos para promover la acción cuando uno se siente deprimido
Tener depresión es uno de los problemas psicológicos que mayor malestar produce en la persona que lo manifiesta. No sólo tiene efectos en nuestra autoestima y en el humor; afecta directamente a nuestra capacidad para tomar decisiones. En el día a día, podemos sentir una sensación constante de abatimiento, sin ganas de hacer nada; dejamos las cosas a medias por falta de interés y porque encontramos muy dificultoso concentrarnos en lo que estamos haciendo. Un panorama desalentador, y que, por supuesto, entorpece enormemente los intentos de la persona para sentirse bien.
Esta casuística no se ve mejorada por una creencia extendida popularmente y que se convierte en otro escollo más para ayudar a las personas a mejorar su estado de ánimo: la creencia de que sólo si estamos bien, podemos hacer las cosas bien; y que si estamos mal o pasando una mala época, no podemos esperar a sentirnos satisfechos, porque los sentimientos negativos sólo pueden causarnos sufrimiento y malestar. Por ello, esperar a levantarnos un día y sentirnos mejor para comenzar a hacer lo que no hemos hecho en mucho tiempo puede ser peligroso; porque seguramente ese sentimiento no aparecerá rápidamente. Aceptar que debemos empezar a hacer las cosas a pesar de encontrarnos francamente desanimados, puede ser un comienzo para sentirnos bien.
Esta casuística no se ve mejorada por una creencia extendida popularmente y que se convierte en otro escollo más para ayudar a las personas a mejorar su estado de ánimo: la creencia de que sólo si estamos bien, podemos hacer las cosas bien; y que si estamos mal o pasando una mala época, no podemos esperar a sentirnos satisfechos, porque los sentimientos negativos sólo pueden causarnos sufrimiento y malestar. Por ello, esperar a levantarnos un día y sentirnos mejor para comenzar a hacer lo que no hemos hecho en mucho tiempo puede ser peligroso; porque seguramente ese sentimiento no aparecerá rápidamente. Aceptar que debemos empezar a hacer las cosas a pesar de encontrarnos francamente desanimados, puede ser un comienzo para sentirnos bien.
Un cerebro activo retrasa el envejecimiento mental
Según cifras del Instituto Nacional de Estadística (INE), la esperanza de vida en países como España está aumentando, gracias a los avances en la medicina y a la mayor calidad de vida de la que disponemos, comparados con otros países subdesarrolados. Este hecho, sumado a la disminución de la tasa de natalidad da lugar a una tendencia a la alza en el envejecimiento progresivo de la población. No es extraño, pues, que nos interese cómo podemos afrontar mejor la etapa de la vejez.
Popularmente, existen estereotipos sobre los ancianos, relacionados con la pérdida masiva de funciones y destrezas -intelectuales, motrices, de comunicación y emocionales-, lo que contribuye a una visión negativa sobre éste momento de la vida. No obstante, los estereotipos son generalizaciones que no siempre guardan relación con la realidad de todos a los que aluden (en este caso, los ancianos). La frase “cada persona es un mundo” refleja el concepto de las diferencias individuales (DDII). Y es que, mientras algunas personas comienzan antes el proceso de envejecimiento, otras, en cambio, se mantienen durante más tiempo, y mientras que enfermedades degenerativas como el Alzheimer afectan de forma severa, con un rápido progreso para algunas personas, otras tardan más tiempo en evidenciar sus síntomas y en deteriorarse.
La mitad de los mayores de 70 anos tiene algún tipo de diabetes
Más de un tercio de las personas mayores de 70 años tiene diabetes en España, según datos desvelados en el 25º Congreso de la Sociedad Española de Diabetes (SED), que se celebra este fin de semana en Pamplona.
El número de diabéticos entre estas personas mayores se eleva a más de la mitad si se añaden a este grupo las personas que padecen intolerancia a los carbohidratos o glucemia alterada en ayunas.
Estos datos han sido desvelados por el jefe del Servicio de Geriatría del Hospital Universitario de Getafe (Madrid), Leocadio Rodríguez-Mañas, durante el encuentro que se celebra este fin de semana en Pamplona. Los profesionales que participan en esta cita médica también han alertado que la prevalencia de la diabetes va en aumento, pero el número de enfermos no se distribuirá de forma homogénea entre los segmentos de población.
El número de diabéticos entre estas personas mayores se eleva a más de la mitad si se añaden a este grupo las personas que padecen intolerancia a los carbohidratos o glucemia alterada en ayunas.
Estos datos han sido desvelados por el jefe del Servicio de Geriatría del Hospital Universitario de Getafe (Madrid), Leocadio Rodríguez-Mañas, durante el encuentro que se celebra este fin de semana en Pamplona. Los profesionales que participan en esta cita médica también han alertado que la prevalencia de la diabetes va en aumento, pero el número de enfermos no se distribuirá de forma homogénea entre los segmentos de población.
Se puede salir de un estado depresivo
“Sólo tenía ganas de cerrar los ojos y que todo se acabara, sólo quería dormir y pensar que al despertar se habría terminado esta sensación de tristeza profunda. No había nada que me hiciera ilusión, nada que me hiciera sentir que valía la pena vivir. No tenía ningún objetivo, no encontraba nada que me motivara, hacia lo que tenía que hacer, lo que tocaba, y me costaba un gran esfuerzo encontrar algún motivo para hacerlo. Miraba a las personas y me preguntaba cómo hacían ellos para poder vivir, para poder ser felices, para tener simplemente energía, para mantener su cuerpo activo durante todo el día porque yo sólo tenía ganas de dormir.
Me daba todo igual, sólo quería que todo se acabara. No servían las palabras, ni los esfuerzos que todo el mundo hacía por sacarme de aquella situación, era como estar viviendo en una nube oscura donde el único objetivo era terminar.” Estas eran las palabras de Marta después de poder salir de su estado de depresión.
Cómo ayudar a un familiar con depresión
Convivir con una persona deprimida, es una situación muy estresante y que si no se gestiona de manera correcta, al final, acaba pasando factura a quien lo padece.
En la primera etapa, cuando descubrimos el estado depresivo de la otra persona, la primera reacción, es mostrarse cariñoso, paciente, sensible… Intentas por todos los medios, arropar al otro y hacerle sentir que estas ahí.
Sin embargo, cuando las cosas no mejoran, e incluso empeoran, esa reacción inicial, se quiebra. Aparece la desesperanza, la incredulidad, la impaciencia y nuestro estado de ánimo, empieza a verse contagiado, por el de la otra persona. Aquí comienza una peligrosa espiral de dependencia emocional: “Yo estoy bien, si tú estás bien”.
En la primera etapa, cuando descubrimos el estado depresivo de la otra persona, la primera reacción, es mostrarse cariñoso, paciente, sensible… Intentas por todos los medios, arropar al otro y hacerle sentir que estas ahí.
Sin embargo, cuando las cosas no mejoran, e incluso empeoran, esa reacción inicial, se quiebra. Aparece la desesperanza, la incredulidad, la impaciencia y nuestro estado de ánimo, empieza a verse contagiado, por el de la otra persona. Aquí comienza una peligrosa espiral de dependencia emocional: “Yo estoy bien, si tú estás bien”.
Los beneficios de caminar descalzo
Caminar descalzo ha pasado de ser una tendencia contracultural y un poco exótica a estar aprobada científicamente como algo beneficioso para la salud –aumento de los antioxidantes, reducción de la inflamación, mejoras en el sueño–. Los beneficios de andar descalzos –en casa, en la arena o en la tierra– son muchos, hoy queremos contártelos para que comiences con esta práctica fácil y saludable.
¿Por qué andar descalzo?
Diversos estudios científicos descubrieron que los electrones de la tierra son capaces de mejorar la salud, aliviando el dolor crónico de algunas enfermedades, cambia la actividad eléctrica del cerebro, reduce el estrés, mejora la función del corazón, regula la glucosa y mejora la inmunidad.
Más allá de los beneficios específicos, el hecho de simplemente caminar nos permite reducir el riesgo del cáncer, mejorar la salud cardiovascular, adelgazar y prevenir la diabetes. También mejora la oxigenación de la sangre, la circulación y la respuesta inmune, elimina toxinas y disminuye el estrés.
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