Quizá se plantee a sí misma algo así como: “¿Hormonas? ¿Esas mismas que causan cáncer de mama, ovarios, ictus y embolias a las mujeres que las toman?”
La mala fama de los tratamientos hormonales no es injustificada. De hecho, echando un poco la vista atrás, coincidirá conmigo en que es uno de los mayores abusos de las empresas farmacéuticas, un atentado en toda regla contra la salud de las mujeres con la complicidad de quienes tenían que haber velado por ella. Tan claro como eso.
Fue a comienzos de los años 60, en Estados Unidos, cuando los laboratorios farmacéuticos americanos comenzaron a promover el uso de hormonas sintéticas (estrógenos) para las mujeres a partir de los 50 años. Les prometían acabar con los sofocos y las demás molestias asociadas a esa fase de la vida, y también algo parecido a la “eterna juventud”.
